Una sociedad decente para que no haya ‘nadies’

2018-06-24T11:05:35+00:00 23 junio 2018|Opinión|0 Comentarios

El diario Norte – 23/6/2018

Tinixara Guanche – Ongi Etorri Errefuxiatuak

En el Día Internacional de las Personas Refugiadas muchos medios abrieron sus portadas con fotos de personas refugiadas. Hecho poco habitual fuera de días de conmemoración.

Según ACNUR, más de 68 millones de personas en el mundo viven desplazadas y refugiadas. Es decir, de cada 120 personas en el mundo una es refugiada.

Millones de personas buscan un lugar seguro a través de vías peligrosas porque esta Europa se ha convertido en una fortaleza insolidaria e irresponsable. Con el  cierre de fronteras, niñas, adolescentes y adultas están en una situación de mayor vulnerabilidad ante violaciones de derechos humanos. Por el mero hecho de ser mujeres.

No hay muro que pueda detener la necesidad de una persona de aferrarse a la vida, a una vida que merezca la pena ser vivida.

En Euskadi, hemos sufrido la guerra, el desplazamiento, la migración forzosa y la persecución. La juventud de hoy vive la emigración por motivos económicos. Y hace tiempo que vemos señales claras de que somos tierra de tránsito y acogida.

Tenemos un reto: asumir que esto no es una crisis puntual. Es una situación mundial estructural que precisa de soluciones, enfoques y reflexiones para adaptar las políticas y estructuras de las instituciones de forma permanente.

Tenemos una oportunidad: adoptar una política integral y de protección que vaya más allá de las fotos del Aquarius. Su acogida es un gesto simbólico que ponemos en valor; pero no puede ser el único si no el primero hacia un cambio de rumbo.

Es indispensable comprometerse firmemente para acabar con la vulneración sistemática de los derechos en la frontera sur del Estado donde reina la impunidad; para acabar con la persecución de defensoras y defensores de derechos humanos; para trasladar a Europa que no queremos seguir externalizando nuestras fronteras, ni las de ningún Estado de la Unión; para garantizar una reflexión profunda que cambie el rumbo y que promueva, al igual que en el ámbito del comercio y del capital, que los derechos humanos sean de obligado cumplimiento.

Tenemos un reto: asumir que esto no es una crisis puntual. Es una situación mundial estructural que precisa de soluciones, enfoques y reflexiones

No caigamos en la autocomplacencia, no son solo Salvini en Italia o Merkel en Alemania. Todas somos responsables de lo que está pasando y cada una, en la medida de nuestras competencias y responsabilidades, podemos ser cómplices.

La sociedad de Euskadi ha demostrado de forma reiterada su solidaridad. Es tiempo de que las instituciones estén a la altura. Es hora de pasar a la acción y poner los medios necesarios.

Porque todas las personas merecemos vidas que merezcan la pena ser vividas,  independientemente de dónde nos haya tocado nacer, de dónde vengamos o a dónde vayamos.

Todas las personas merecen un espacio de acogida digno y suficiente al que llegar y descansar del terrible tránsito que han tenido que vivir para huir de conflictos, falta de medios para subsistir, persecución política o por motivos de género, o desastres naturales.

Todas merecemos el cumplimiento estricto del derecho que nos ampara. Porque el asilo es un derecho reconocido, como lo es el derecho a migrar. Por ejercer un derecho, nadie debería tener que poner en riesgo su vida.

Nadie merece ser abandonada a su suerte, trasladada sin derechos, sin cuidados y sin medios como si fueran mercancía. Que sus ilusiones y derechos sean entregados a mafias. Ser deportada en cuanto transita una frontera. Ser internada en un CIE, encarcelada por tratar de aferrarse a la vida.  Vivir escondida entre escombros. Dormir en un contenedor, donde se juegue la vida por no respirar, por no ser vista. Encontrarse con un muro de 4 metros de hormigón resbaladizo. Nadie merece que se le despoje de la condición humana. Nadie. Como decía Eduardo Galeano en “Los nadies”:

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones,
sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura,
sino folklore.
Que no son seres humanos,
sino recursos humanos.
Que no tienen cara,
sino brazos.
Que no tienen nombre,
sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata

Rompamos con esto.

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