Ongi Etorri Errefuxiatuak y Salvamento Marítimo Humanitario despliegan en la ría de Bilbao un chaleco por cada una de las muertes en 2019 en el Mediterráneo: hasta la fecha, 224 personas se han ahogado por las políticas migratorias de la Unión Europea.

Los chalecos salvavidas del Aita Mari, bloqueado desde el pasado 18 de enero por el Gobierno de España, han servido hoy para visibilizar la muerte ignorada de cientos de personas en las fronteras de la Unión Europea. En lo que llevamos de 2019, más de 224 migrantes han desaparecido.

Por ello, mientras las fuerzas políticas no actúan, la ciudadanía quiere recordar que está muriendo gente por determinadas políticas migratorias.

En los últimos años, hemos sido testigos de la implantación en la Unión Europea de unas medidas en frontera de represión y disuasión. Los poderes públicos han puesto por delante la defensa de las fronteras naturales frente a los derechos humanos. De esta forma, miles de personas que buscan protección internacional se ven obligadas a poner su vida en manos de las mafias y a arriesgarse en el mar, en embarcaciones precarias. Es una violación pautada del derecho a migrar y a recibir asilo en un lugar seguro.

Por desgracia, la realidad ha demostrado que nada puede detener el ansia de vivir en paz del ser humano. De esta forma, desde 2016, más de 2.000 personas han muerto cada año durante su viaje.

En esta dinámica de represión y disuasión se enmarca la decisión del pasado 18 de enero cuando el Gobierno español impidió a los buques Open Arms y Aita Mari navegar hacia la zona entre Libia e Italia. Esta ruta migratoria es la más mortífera del mundo: cada día al menos tres personas pierden la vida.

Mientras, desde los poderes públicos no se da ninguna respuesta a esta crisis humanitaria y, en la actualidad, incluso prohíben la solidaridad del pueblo.

El Aita Mari (como el Open Arms) son buques que están perfectamente capacitados para tareas de rescates masivos y cuentan con todos los certificados y pruebas exigidas por la Marina Mercante. Aun así, estos medios de auxilio se oxidan en los puertos y la gente sigue muriendo. Por eso, este domingo hemos desplegado en el Guggenheim 224 chalecos para simbolizar que, cada uno, es una vida que se pierde en el mar ante la pasividad de las autoridades.

Porque, de igual forma que hay muchas formas de morir, hay muchas maneras de matar. Por eso nos tendrán en las calles y plazas gritando por aquellas personas que sufren por el simple hecho de migrar. Porque aunque no dejen zarpar al Aita Mari, no podrán ocultar sus mortíferas políticas migratorias.

Así mismo, es necesario apuntar a los culpables de estas medidas políticas para recordarles que la mayoría social no las comparte. En el caso del Open Arms y el Aita Mari, desde su bloqueo en puerto, hemos recogido casi 200.000 apoyos en Change.org  para la liberación de los buques.

Año a año, el Mediterráneo se ha ido convirtiendo en una fosa común y desde OEE y SMH no podemos tolerarlo. Según las estadísticas de la Organización internacional para las migraciones (OIM) en 2018 fallecieron ahogadas en el mar 2.299 personas; en 2017 fueron 3.139.